Las mil caras del barrio Yungay

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Domingo 17 de agosto de 2008

Por Rodrigo Alvarado E. / La Nación

Las razas y sabores se mezclan en las calles históricas

Creado hace casi 200 años para celebrar el triunfo sobre Perú y Bolivia y cobijar a la alta sociedad del siglo XIX, el sector ahora es destino de la inmigración latina en Santiago. Un concurso de la Universidad Arcis, dirigido a sus vecinos, desembocará en un libro que rescata historias de ayer y de hoy, de próceres y cajas de vino.

Cuadrante noroeste de la comuna de Santiago, cercado por la Alameda, Ricardo Cumming, Rosas y Matucana, el barrio Yungay cuyo nombre se lo debe a la plaza también conocida como del Roto Chileno es uno de los sectores más tradicionales y al mismo tiempo con mayores contrastes de Santiago.

El olor a arrollado primavera recibe a quien emerja del subsuelo del Metro hacia las calles de adoquines de un barrio de ferias, persas, cuatro almacenes por manzana, una decena de iglesias y 65 cités. Uno donde la modernidad se entromete en forma de condominios DFL2, lofts, restaurantes y una inmigración con el rostro de Perú, Ecuador y Colombia, mientras las deterioradas casonas de comienzos de siglo XIX y las líneas del trolley que alguna vez recorrió sus calles reposan como huella de un pasado abundante.

Sobre ese tiempo pretérito y sobre las nuevas capas sociales, algunos vecinos escribieron ensayos, en una iniciativa impulsada por la Universidad Arcis, que a través de un jurado integrado por el sociólogo Tomás Moulian, la crítica Nelly Richard, el historiador Jorge Benítez y el poeta José Ángel Cuevas, seleccionó hace unas semanas los cinco textos que compondrán un libro en enero de 2009.

Desde el recuerdo de una mujer que sumó puntos para obtener un departamento de la Corporación de la Vivienda en la población Mapocho, hasta el relato de un curagüilla de la iglesia San Saturnino, pasando por un ensayo histórico sobre la historia de la Plaza Yungay, escrito por el hijo de un ilustre del barrio, Sebastián Redolés.

 

CHOLGUÁN

Recorrer Yungay es caminar por calles con los nombres de sus ingenieros: Jacinto Cueto, Juan de la Cruz Sotomayor o General Manuel Bulnes. De hecho, su construcción sobre los terrenos de Diego Portales fue una iniciativa del Presidente Joaquín Prieto (1786-1854) para honrar el triunfo del Ejército Unido Restaurador sobre las fuerzas de la Confederación Perú-Boliviana en el pueblo de nuestro vecino del norte en 1839.

Sus primeros residentes pertenecían a la clase media y alta de entonces, desarrollando parte importante de la vida política, intelectual y artística de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, y cuyas reminiscencias están a la vista en edificaciones como el teatro Novedades, la peluquería Francesa y los pasajes patrimoniales Lucrecia Valdés de Barros, Adriana Cousiño y Hurtado Rodríguez.

Desde hace un par de años, algunas de las antiguas casonas que alguna vez albergaron la extendida concepción familiar del siglo XIX y que más tarde dividieron internamente sus residentes venidos a menos, se proyectan a la calle con las cumbias que escuchan, entre precarios biombos, los peruanos que llegaron desde sectores como Quinta Normal e Independencia

"Son los reyes del cholguán", dice un vecino. "De noche los meten y dividen las piezas que arriendan por 40 lucas para meter más gente y pagar menos", agrega. Con medio cuerpo detrás de una cortina, un peruano de unos 25 años explica que no les queda otra, que tienen que enviar dinero al Perú.

A los chilenos, no les gustan sus nuevos vecinos, un guardia municipal por ejemplo, alega que el barrio ya no es lo mismo, que todas las noches "pasan peruanos curaos metiendo boche y hasta robando". Al contrario, la dueña de una botillería de la plaza le alega a un peruano no haberla invitado a su fiesta y éste se disculpa con un ají de gallina en bandeja.

 

CARNE

Muchos de los peruanos del barrio sobreviven en base a una economía de subsistencia en la feria de Esperanza, que los domingos se extiende en todas direcciones con sabrosos productos del Rímac.

Otra de las transformaciones son los puntos de internet, donde los aguardan cámaras que los comunican con sus familiares. "Diga güisqui", le dice una señora a su nieto. En la caja escuchan una radio peruana y los secos de gallina siguen en el mostrador... de internet.

Otro buen contingente se junta desde el viernes pasado en el incendiado Arte-Bar Popol Vuh. Se llama La Buena Mesa y es el primer boliche peruano del sector. De viernes a domingo recibe a una comunidad sedienta de cervezas de litro y de la música del grupo cumbianchero Fantasía.

Un vecino de la disco no se inmuta. Desde hace unos meses cuenta que muchos de los inmigrantes que parecen de Ecuador y Colombia son mulatos peruanos, y levanta el dedo a la metamorfosis: "Los peruanos han mejorado mucho la cocina del barrio". Afuera, en la pileta sobre la que, desde 1880, se erige la estatua del roto esculpida por Virginio Arias, tres cajas de vino flotan. LCD

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