La defensora del barrio Yungay

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Rosario Carvajal, historiadora, y su batalla por proteger el patrimonio de esta zona de la depredación inmobiliaria, intentando que el barrio sea declarado "zona típica" por el Consejo de Monumentos Nacionales, única herramienta para impedir que se construya a diestra y siniestra y se destruya el valor histórico del lugar.

Por Nancy Arancibia / La Nación

Rosario Carvajal nació en Esperanza con Portales. Aprendió a caminar en sus veredas, allí hizo sus primeros amigos. Como escolar se desplazó sólo un par de cuadras para ir al Colegio María Auxiliadora, donde estudió y se enamoró más de un vez en los pastos de la Plaza Yungay. Rosario sólo salió de su barrio para ir a estudiar Licenciatura en Historia, pero desde que tiene memoria se mueve entre los adoquines de esas calles. Parte de su identidad, de sus afectos están en esos muros de adobe con más de 120 años, sus fachadas de colores y vitrales, sus pasajes, los almacenes de siempre y sus vecinas y los vecinos. "Toda mi historia está aquí. Si me sacan de aquí pierdo mi identidad", dice al ver el lugar donde llegaron sus padres desde Valparaíso hace más de 40 años, el mismo en el que murieron hace poco tiempo.

Ve su espacio vital amenazado por la depredación de las constructoras que instalan sus grandes edificios sin ninguna consideración con el patrimonio cultural y arquitectónico del barrio.

"No lo podía permitir", se dijo y decidió dar la batalla. Tomó la decisión de dedicarse tiempo completo a trabajar con los vecinos por la defensa del barrio Yungay. "Estoy exclusivamente en eso hace un año, porque me quitaba el sueño ver a mi barrio amenazado frente a la indolencia de las autoridades, más preocupadas de hacer lobby con las constructoras que atender las necesidades de los vecinos".

Barrio típico

El cambio de vida fue radical. De un momento a otro Rosario pasó de hacer clases de historia en universidades a hacer historia en las calles Esperanza, Libertad, Brasil, Cautín, Balmaceda, golpeando puertas, juntando firmas, recopilando papeles e historias de vida de las familias, conociendo a la señora Flor o Beatriz (que declaran un promedio de 70 años) y ver como ellas pasaron de vecinas y dueñas de casa a activistas y férreas defensoras de su territorio. Su fin: que Yungay sea declarado "zona típica" por el Consejo de Monumentos Nacionales, única herramienta para impedir que se construya a diestra y siniestra y se destruya el valor histórico, cultural y emotivo no sólo de las familias que viven hace décadas allí, sino del país, sostiene.

Confiesa con orgullo que no es la única ni la más importante, resguardando con ello la confianza y respeto por su comunidad. Pero su motivación personal la hizo pensar que era necesario dedicación exclusiva para contrarrestar la idea que impera de que una construcción de un año es mejor que una de 150, dice mostrando una de las murallas de adobe recién refaccionadas de la casa a la que se acaba de mudar en el pasaje Hurtado Rodríguez, que tiene más de 120 años en pie y que la hace preguntarse en voz alta: "¿Cuántos terremotos habrá soportado esta casa incólume?".

No se trata de impedir el desarrollo, sostiene, sino de saber para quién es este desarrollo: "¿para las personas o para las empresas?" No desconoce los problemas de algunas construcciones y algunos vecinos que arriendan por piezas sin invertir nada en refaccionar la estructura, pero la vida del barrio es tan potente que apuestan a que pueden mejorar. Su organización ciudadana ya es reconocida . No por nada en mayo de este año ganaron el premio a la conservación del patrimonio que otorga el Consejo de Monumentos Nacionales en la categoría de organización social, se han adjudicado dos Fondart, organizan el Festival Barrio Yungay y la revista Bello Barrio.

"Siento que todos deberían hacer lo que nosotros. Rescatar, proteger el lugar donde uno nació, donde está su historia, su memoria y sus raíces".

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