OFICIOS DEL PASADO: El Barbero

http://www.lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20090312/imag/FOTO_0120090312191658.jpgPor Nancy Arancibia / La Nación

OFICIOS DEL PASADO
El barbero

Manuel Cerda corta el pelo y afeita -con máquinas de 1927- en la Peluquería Francesa.

Tiene 75 años, de los cuales más de 50 los ha dedicado al arte de cortar pelos y barbas. Manuel es un mago con la tijera y la navaja y está lejos de ser un peluquero más. Él es un barbero de la clásica Peluquería Francesa, donde se destaca tanto por su atención amable y conversada como por su estilo único de trabajo que incluye usar el mobiliario del lugar, que data de 1927, fecha en que fue remodelado y equipado con lo más sofisticado de la época.

Trabaja hace 46 años en el mismo lugar y todavía ocupa una máquina manual para "podar" el cabello a sus fieles clientes, que gustan de un corte tradicional junto a una afeitada perfecta: toallas calientes, una navaja bien afilada y talco. "Con las toallas logramos que los pelos de la cara se ablanden, se abran los poros de la piel y la navaja recién afilada haga el corte exacto", sostiene.

Pese a sus años y a los muebles centenarios que decoran la tradicional peluquería instalada en el barrio Yungay, a Manuel no le falta modernidad.

No sólo ha rapado y cortado medias cabezas, sino que parado pelos y hecho todo tipo de malabares estilísticos para punks y rockeros. Es que lo clásico para don Manuel no tiene que ver con si usa o no máquinas antiguas, sino con hacer bien lo que el cliente quiere, cualquiera sea su estilo. "Cortar el pelo es como hacer una escultura", dice.

La calidez en el trato es su secreto para que las cabezas de varias generaciones hayan pasado por sus manos: niños llevados por sus padres que también se cortan el pelo allí desde la infancia o señores que desde 1963 atraviesan toda la ciudad para que den forma al corte o afeitada de siempre.

Eso buscó Álvaro Henríquez, Beto Cuevas y Los Electrodomésticos al entrar al mundo de Manuel Cerda, que no tuvo conflicto para adaptarse a los requerimientos de tan conspicuos artistas nacionales. Tanto les gustó la atención que en sus altas murallas cuelgan dos discos de oro obsequiados por Los Tres y La Ley como gratitud a esta peluquería.

Eso alegra a Manuel, quien sabe que tanto su lugar de trabajo como su oficio son unos sobrevivientes. Superaron la crisis en que los sumió el hippismo en los *60, cuando los pelos largos hicieron colapsar a las peluquerías tradicionales dando inicio a los salones unisex que hoy imperan. ¿Cómo? Resistieron destinando su trabajo sólo a los varones e incorporando nuevos instrumentos que le permitieron pulirse en el oficio que aprendió de su padrino, en su Osorno natal.

Sin embargo, todo lo que hoy sabe se lo debe a la Peluquería Francesa, a la que llegó en 1962 y donde estableció una amistad entrañable con su dueño, Emilio Lavaud, quien le hizo prometer que cumpliría un pacto: si uno de los dos moría, el otro debía conservar la peluquería con las mismas características.

Lavaud se fue en 1988 y dejó por escrito que la peluquería se la dejaba a su amigo Manuel Cerda.

Los herederos respetaron la voluntad de su padre y desde entonces Cerda, junto a otros cuatro legendarios barberos -que aún conservan el carné de peluqueros que entregaba la Inspección del Trabajo a principios de siglo y la autorización de sanidad para ejercer el oficio- esperan a sus clientes en la misma esquina de Compañía con Libertad como hace 80 años.

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