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Por Luciano Ojeda / Cultura Mapocho
En una histórica y debatida sesión del Consejo de Monumentos Nacionales
se resolvió declarar Monumento Nacional en la categoría de Zona Típica
a las Canteras de Colina y al poblado en que los canteros viven. Se
trata de una resolución histórica debido a que los canteros de Colina
son la única comunidad en Chile que en la actualidad vive completamente
del trabajo que se realiza en torno a la piedra y que ha traspasado su
oficio de generación en generación. No por nada llevan más de 125 años
trabajando en las faldas del cerro Pan de Azúcar, a la altura del
kilómetro 16 de la carretera San Martín.
La postulación del Poblado de la Canteras Colina, y de las canteras
mismas, al Consejo de Monumentos Nacionales se había presentado hace ya
varios meses y unos 300 vecinos y amigos de Las Canteras esperaban con
ansias la resolución que ayer, 13 de enero de 2009, tomó, en votación
dividida, el Consejo. El trabajo de levantar el expediente técnico,
solicitado por el CMN, incluyó varias visitas de inspección y
reconocimiento de los miembros del Consejo al lugar, además de una gran
cantidad de otros documentos, cartas de apoyo de autoridades, vecinos,
organizaciones y especialistas. Durante una de esas visitas, Susana
Simonetti, historiadora y consejera de Monumentos Nacionales, que no
conocía Las Canteras de Colina, sostuvo:
“estoy muy
impresionada. Aquí hay saberes muy antiguos, una explotación en un
medio ambiente bastante particular y una conciencia clara por parte de
la comunidad de su vínculo con este recurso natural y con el ambiente
en general”.
La declaratoria contempla la Zona Típica para todo
el pueblo y las canteras donde diariamente desarrollan su trabajo. La
protección que les brinda la Ley de Monumentos Nacionales les permitirá
a los canteros conservar y defender su patrimonio cultural amenazado
fuertemente por las empresas inmobiliarias que circundan el sector.
Además, dos canteras actualmente en desuso fueron designadas Monumentos
Históricos.
La resolución es una consecuencia directa del
trabajo colectivo de varias organizaciones sociales, vecinales, de
autoridades y dirigentes sociales que se que inició hace ya varios
años. Entre los promotores de la iniciativa, además de los propios
canteros, están el Consejo Regional de la Cultura y las Artes con su
programa “Creando Chile en mi Barrio”, la Asociación Chilena de Barrios
y Zonas Patrimoniales y la organización de Vecinos por la Defensa del
Barrio Yungay, además de numerosos amigos y organizaciones preocupadas
por el creciente deterioro de nuestro patrimonio cultural.
Entre
las organizaciones que participan en la Asociación Chilena de Barrios y
Zonas Patrimoniales, hay que mencionar a las organizaciones de Vecinos
de Bellavista, de los Vecinos del Barrio Matta Sur, que también postula
a ser declarada Zona Típica, los vecinos de Huertos Familiares de La
Pintana, los vecinos del Barrio Dalmacia, del Barrio Guillermo Francke,
del Barrio Yungay Norte, la Fundación Defendamos La Ciudad, la
Fundación Víctor Jara, la organización Cultura en Movimiento, Gestarte
y muchos más.
Durante el año recién pasado, y entre las
actividades tendientes a conseguir la declaratoria de Zona Típica, los
Canteros de Colina y los Vecinos por la Defensa del Barrio Yungay
habían firmado un protocolo de acuerdo y apoyo mutuo denominado
Hermanamiento de Barrios, evento que se celebró en la plaza principal
de Las Canteras y fue organizado por el Centro Cultural “Raíces de
Piedra” y el programa “Creando Chile en mi Barrio” del Consejo de la
Cultura y las Artes y la Asociación Gremial de Canteros, además de los
Vecinos de Yungay. En octubre, entre otras actividades, se realizó por
primera vez la Ruta de la Piedra, una Ruta Patrimonial por el centro
histórico de Santiago en la que los Canteros de Colina contaron la
historia e importancia de las Canteras en las calles y edificios de
Santiago. En esa ocasión más de 60 personas caminaron y luego se
desplazaron en bus a Las Canteras de Colina para conocer la rica
historia del pueblo. 
Un poco de historia
Los
habitantes de Las Canteras de Colina son los herederos directos de los
primeros canteros que llegaron a Chile en los tiempos de la Colonia.
Los primeros canteros, artesanos españoles, habrían llegado a Chile en
1556 con el objeto de reforzar el Fuerte Tucapel. Desde esos tiempos
remotos, han contribuido decisivamente en la urbanización de Santiago,
aportando con la construcción de la Catedral Metropolitana, la Iglesia
de Santo Domingo, el Palacio de la Moneda, la Plaza de la Constitución,
el Puente Cal y Canto, la canalización del Mapocho y las calles
adoquinadas que aún sobreviven en el centro de la capital. Eso sin
contar las piezas y obras privadas que en todos estos años han
elaborado las manos de los canteros.
Originalmente los primeros
canteros se habrían instalado en La Chimba, cerca de los dos cerros que
sirvieron de canteras a las primeras construcciones sólidas de la
capital del Reino de Chile. Aún hoy es visible el enorme trabajo que
significó sacar la piedra de las laderas del cerro San Cristobal y del
Cerro Blanco.
Ya en el año 1979 los canteros decidieron mensurar
su pertenencia minera y ésta fue ratificada en 1983 con la inscripción
en el Conservador de Minas. Se trata de 300 hectáreas de terreno
minero, en el subsuelo, que aseguran el trabajo a perpetuidad para los
artesanos de la piedra, con innumerables recursos de basalto para la
continuidad de la labor cantera de las siguientes generaciones.
Actualmente la pertenencia minera, donde trabajan los canteros desde el
siglo XIX, ha sufrido del arrollador embate de las empresas
inmobiliarias y en parte de sus 300 hectáreas de predio superficial se
instalaron a partir de 1997 los proyectos inmobiliarios La Reserva,
Chamisero y La Sierra, generando un conflicto legal que aún no se
resuelve del todo. Las empresas inmobiliarias pretendían expulsar a los
canteros para explotar el suelo con la construcción de viviendas con
valores que alcanzan hasta las 8.000 UF. El conflicto ha sido un gran
obstáculo que la declaratoria de Monumento Nacional viene, de algún
modo, a zanjar, a favor de los trabajadores y habitantes históricos del
lugar.
Rolando Abarca es el historiador local y es cantero, al
igual que su padre y su abuelo. Es altamente probable que sus hijos
realicen el mismo oficio. Rolando relata parte de su historia y del
significado que para ellos tiene el trabajo de la piedra:
“Este trabajo se aprende desde niños y es exclusivamente masculino. Hay
quienes se especializan en la extracción de las piedras, otros la
moldean y los más talentosos realizan figuras como moais, esculturas,
estatuas, piletas o lo que sea”, señala.
“Hasta 1884
nuestros antepasados trabajaban piedras que extraían de los cerros San
Cristóbal y Blanco, pero cuando ya no se podía sacar más tuvieron que
buscar otras fuentes como las de esta zona. Fueron siete canteros los
primeros en llegar a la zona y todos los vecinos aquí descendemos de
ellos, lo que provoca una situación muy particular porque da la
sensación de que todos de una u otra forma somos parientes y así nos
comportamos. Somos un pueblo unido”, relata Abarca. 
Rolando,
historiador autodidacta, comenzó hace años a recolectar información,
guardar fotografías y conversar con los más ancianos para escribir el
libro que está próximo a terminar y en el que relata en detalle la
historia de los canteros desde que llegaron junto a los conquistadores
españoles. Por otra parte Luis Covarrubias, presidente de la Asociación Gremial de Canteros, sostiene: esta
“tradición la llevamos en la sangre. Hacemos una pega que nadie más hace”.
Con
45 años, ya lleva 30 en las canteras. Su padre y su abuelo fueron los
que les enseñaron a él y a sus hermanos las técnicas para ser
adoquinero. 
Rolando Abarca insiste:
“Yo creo que es un gen. Los niños nacidos aquí vienen con el golpe
hecho, listos para trabajar. Eso no lo encuentras en quienes no son de
aquí”.
Su familia también se dedica a esta labor.
“De
los doce hermanos que somos, los ocho hombres cortamos la piedra, las
mujeres están casadas con canteros y los 30 sobrinos son artesanos”.
Una
muy buena noticia para quienes están trabajando en la defensa y
promoción de nuestro patrimonio cultural y en la visibilización de los
oficios y tareas que, a veces invisibles a los observadores
desprevenidos, contribuyen enormemente a configurar la ciudad en que
vivimos. 
Este
texto ha sido elaborado a partir de varios artículos aparecidos
recientemente en la prensa. Las imágenes también han sido tomadas de
algunas notas de prensa que dan cuenta de las actividades
desarrolladas por las organizaciones que apoyaron la declaratoria de
las Canteras de Colina como Zona Típica. |